Esto ni siquiera existe

[O al menos no debería]

Después de haber leído la historia del escritor fracasado, me di cuenta de que tengo una obligación con mis lectores imaginarios. El blog permaneció inactivo por mucho tiempo, así que me disculpo con ustedes por mi falta de ganas e inspiración.

No sé qué me pasó, puedo culpar al curso de ingreso, a la operación de mi vieja o a la muerte del perro. Pero ninguna de esas explicaciones me satisface.

En fin, lo importante es que volvi, y si todo sale bien voy a escribir mucho. (?)

Give me the child. Through dangers untold and hardships unnumbered, I have fought my way here to the castle beyond the Goblin City to take back the child that you have stolen. For my will is as strong as yours, and my kingdom is as great...

You have no power over me!

Creame cuando le digo que me esfuerzo por quererla a pesar del desencanto.

Porque yo ya no soy un joven incauto, desesperado por tenerla desnuda entre mis brazos. Ahora yo conozco todos y cada uno de sus embrujos. Sé que no me quiere, que nunca me quiso y que nunca me querrá. Sé tanto sobre usted y sin embargo, no me sirve de nada.

Yo me esfuerzo por quererla, pero es inútil, porque ya no la quiero. No puedo quererla.

They are just like us, an exact reflection of what we would've been if we were empowered by darkness and afraid of daylight. Some of them cling to that tiny bit of light that's inside of them, but most of those creatures are engulfed by darkness.

The funny thing is that most of them used to be humans, until the fatal hour stroked them with all it's might. So afraid of death they were that they pledged themselves to darkness. And that's when we got into stage. We can see the dark ones, touch them and destroy them.

We desire to destroy them, because they are different from us, and being able to see them, makes us different too.

We're monsters also, but once you're gone, all that makes us different will be gone too.

We will be normal again, we will be blind again.

Los númeritos y yo, tenemos una relación muy conflictiva, que comenzó en primer grado cuando aprendí a sumar y restar, antes yo solo conocía a los númeritos de una forma completamente superficial, los había visto en el jardín de infantes, cuando aprendí a contar – si es que realmente aprendí a contar ahí – e impresos en los papelitos de colores que traían mis papás a casa.

La cuestión es que los intentos de pagoda que hacía la maestra en el pizarrón fueron, mi primer encuentro cercano con los númeritos, no me gustaban, pero podía convivir con ellos.

En tercer grado, llegaron los númeritos en forma de divisiones, entonces, tuve una revelación, los númeritos me iban a cagar la vida, porque nos odian a todos nosotros. Sin embargo, las cosas se volvieron mucho más amenas en cuarto grado, cuando apareció Víctor, era un farmacéutico que jugaba a ser maestro, por decirlo de alguna forma. Estaba completamente chiflado, era viejito, canoso, medio pelado y se paseaba por el aula con el cuerpo inclinado en un angulo de 45º con las manos en la espalda, mientras te hacía creer que los númeritos eran maravillosos y que te daban el poder de hacer cualquier cosa, tal vez tenía razón.

En un momento determinado, aparecieron los caminitos, te obligaban a realizar una serie de operaciones matemáticas bastante confusas, siempre salían mal, porque había que copiarlos del pizarrón y las maestras no sabían dibujar, así que una copiaba cualquier cosa. En ese entonces, los númeritos re-afirmaron su posición de putos cagavidas.

A partir de séptimo grado, las cosas se complicaron demasiado y en segundo año del secundario, me vi obligada a recurrir a ayuda profesional, entonces, la conocí a ella, su nombre es Ana María y logró que me imaginase caramelos pulverizados al ser divididos por infinito flotando en el espacio.

En marzo de quinto año, apareció Uz, una mujer que hizo que me diese cuenta de que los números son como la vida misma.

Fin

The joker wins.

=D